septiembre 25, 2016

Corporal/Humano

La criopreservación es el proceso en el cual células o tejidos son congelados a muy bajas temperaturas, generalmente entre -80 ºC y -196 ºC  (el punto de ebullición del nitrógeno líquido) para disminuir las funciones vitales de una célula o un organismo y poderlo mantener en condiciones de vida suspendida por mucho tiempo. A esas temperaturas, cualquier actividad biológica, incluidas las reacciones bioquímicas que producirían la muerte de una célula, quedan efectivamente detenidas.

En 1773Benjamin Franklin insinuó en una carta que podría ser posible conservar la vida humana en estado suspendido durante siglos.

En 1962, el profesor de física Robert Ettinger de la Universidad de Michigan, propuso en, The Prospect of Inmortality, que la congelación de personas sería un modo de llegar hasta futuras tecnologías médicas y sugirió que la congelación de personas recientemente fallecidas podría ser un modo de salvar vidas, también en 1962, Evan Cooper (con el seudónimo de Nathan Duhring) en su libro Inmortality: Physically, Scientifically, Now sugería la misma idea de forma independiente. Cooper fundó la Life Extension Society en 1965 para promover la congelación de personas.

En 1972 Fred y Linda Chamberlain fundaron la organización proveedora de servicios criónicos con el nombre de Alcor Society for Solid State Hypothermia (ALCOR).

En 1977 se le cambió el nombre por el de Alcor Life Extension Foundation.

En 1982 se fusiona con el Institute for Advanced Biological Studies (IABS) fundado por Mike Darwin y Steve Bridge en Indiana.

La palabra actual “criónica” fue inventada por Karl Werner en 1965 junto con Curtis Henderson y Saul Kent cuando estos últimos fundaron la Cryonics Society de Nueva York (CSNY).

A esto siguieron la fundación de la Cryonics Society de Michigan (CSM) y de la Cryonics Society de California (CSC) en 1966

En 1969, se fundó la Bay Area Cryonics Society (BACS) a la que se le cambió el nombre en 1985 por el de American Cryonics Society o ACS.

Durante los años ochenta, Darwin y Jerry Leaf, investigador de cirugía cardiotorácica de la UCLA, trabajaron juntos en Alcor para desarrollar un modelo médico para los procedimientos criónicos. 

Antes de Leaf y Darwin, las disposiciones criónicas eran poco más que un depósito de cadáveres en los que, en lugar de crioprotectores químicos, se utilizaba líquido de embalsamar.

Leaf y Darwin mostraron que la resucitación cardiopulmonar y la medicación aplicada inmediatamente después de la parada cardiaca seguida de cirugía torácica para acceder a los vasos sanguíneos principales, podría reducir drásticamente los daños isquémicos (daños producidos por la falta de riego) en los pacientes criónicos.

En los años ochenta el ingeniero del MIT Eric Drexler comenzó a describir el nuevo campo de la nanotecnología molecular.

En su libro Engines of Creation, publlicado en 1986, se incluía un capítulo entero dedicado a las aplicaciones criónicas, mantenido que la reparación molecular de los tejidos dañados era teóricamente posible.

La llegada simultánea del modelo criónico de Leaf y Darwin, y del paradigma de la reparación nanotecnológica, creó dos escuelas de pensamiento que aún existen en la actualidad.

Una de las escuelas tiende a la creencia de que los procedimientos simples y baratos administrados por “expertos funerarios son suficientes”, mientras que la otra (en la que nos encontramos) aboga por la viabilidad del mantenimiento y monitorización con los métodos médicos actuales tanto como se pueda, teniendo la reversibilidad de la animación suspendida como objetivo final.

Una investigación de los años noventa que revelaba con gran detalle los efectos dañinos de la congelación indujo a usar mayores concentraciones de glicerol crio protector para prevenir las lesiones por congelación.

En 2001 Alcor comenzó a utilizar la vitrificación (una tecnología tomada de la corriente principal en la investigación de la preservación de órganos) en un intento de evitar completamente la formación de hielo durante la preservación en frío.