Un viaje al 2040 (o Ingeniería Inversa desde el Futuro)

kreimer

La intensidad del sueño que viví, me hace dudar.  ¿Estaba realmente dormido o fui víctima de algún tipo de extraña abducción tecnológica por la que de pronto me desperté en la Argentina del año 2040?

Lo primero que me tranquilizó fue ver un puesto de choripán (todo sigue igual me dije), aunque al acercarme se trataba de un dispenser con una bioimpresora 3D.  La persona que estaba por usarla me percibió a su espalda, y evidentemente por mi cara de asombro de inmediato pensó y escuché (no habló, él pensó y yo lo escuché en mi cabeza), “veo que estás sorprendido y que no sos de esta época, ¿querés un “chori”?, yo invito.

A los 15 segundos – y luego de pagar con criptomoneda desde su retina – se materializaron dos humeantes choripanes de muy buen aspecto.  Ofreciéndome uno pensó/escuché “quién diría que este chorizo nunca pasó por una vaca ni por un cerdo, y encima ahora son sanísimos en su contenido.  Sin dudas, las carnes postanimales “garpan”, ¿no te parece?”, concluyó (lo cual me hizo sentir una enorme alegría confirmar que esa palabra se seguirá usando).

Por cierto, uno de los mejores choris que había probado hasta entonces.

Lo que más le sorprendió de mis preguntas, era que usaba el idioma verbal y que no tuviera implantada la tradicional exocorteza cerebral digital, la que con nanotecnología mediante allá por el 2025 volvió obsoletos los medios de comunicación y de acceso a la web.  Confieso que me causó gracia su inmediata queja – típicamente argenta – de lo lento que pasaba a estar la comunicación tecnotelepática a partir de las 25 conversaciones en simultáneo.

La “casi” conversación siguió discurriendo mientras un desordenado tsunami de preguntas giraba en mi cabeza, cuando de pronto me interrumpió con un “disculpame, me voy a jugar el clásico Boca – River que está por empezar”.

¿Estaba charlando sin saberlo con un jugador profesional de fútbol? le pregunté. “No”, respondió riéndose, sólo me estoy por conectar.  Antes Uds. veían el partido por TV o iban a la cancha, ahora con realidad aumentada se participa del juego desde el o los futbolistas que elijas a lo largo del partido.

Su aspecto entre juvenil y maduro me hacía dificultoso definir su edad.  “115, me contestó” sin que se lo haya preguntado.  Mi cara de pánico lo apresuró a explicarme.  “Allá por el 2029, comenzamos a ganar VEL (Velocidad de Escape de la Longevidad), incorporando AVAC (Años de Vida Asociados a la Calidad).  Los avances en biotecnología – que por cierto implicó aceptar que pasábamos a ser cyborgs por implantes e intervenciones en nuestros cuerpos – así como la reprogramación celular, reparaciones internas por nanorobots, reemplazos preventivos de órganos, edición genética tanto para auto combatir tumores, como para corregir deficiencias funcionales o de mutaciones del ADN para cortar su linaje (dejar de heredarlas); entre otras innumerables innovaciones, permitió curar todas las enfermedades incluyendo entre éstas a la propia vejez.

Y para aquellos casos de imposible curación, se popularizó la criopreservación (en realidad vitrificación) de cuerpos en nitrógeno líquido a -196°, a la espera que los avances tecnológicos permitan “volverlos” años o siglos más tarde.  Se le puso el nombre de “ambulancia al futuro” o el popular “ahora te congelo, y después vemos”.

Ellos sí que serán “pacientes”, pensé; lo cual fue correspondido por una amplia sonrisa mientras afirmaba vehementemente con su cabeza.

Hoy la expectativa de vida de un argentino medio es de 135 años, prosiguió.  “Recuerdo (dijo/pensó), que los laboratorios medicinales intentaron frenar estos avances, hasta que les cayó la ficha y decidieron reconvertirse en genuinos fabricantes de salud.  Algo por cierto insólito para esa industria”.

De inmediato pregunté: “¿Y cómo hicieron con el sistema previsional – ya colapsado en el 2017 – para bancar a tanta gente pasiva?” (a esa altura de la charla ya había aprendido sólo a pensar las preguntas).

“Te explico” dijo/pensó con un tono entre amable y nostálgico.  El verdadero colapso aconteció allá por el 2023 con la masiva pérdida de puestos de trabajo.  Operarios de casi todas las industrias, empleados bancarios, choferes, enfermeros, muchos médicos, abogados, contadores, ingenieros, arquitectos, escribanos, brokers inmobiliarios e innumerables otras incumbencias terminaron siendo reemplazados por robots, IA (Inteligencia Artificial), Blockchain (protocolo de seguridad o “cadena de bloques”), Smart Contracts (Contratos Inteligentes), las criptomonedas junto al dinero digital, la Internet de las Cosas (IoT, o “Internet Of Things”) y otros tantos y disruptivos dispositivos tecnológicos.

Palabras como “Fintech”, “Proptech”, “Healthtech”, “Edutech” y varias “tech” más, reemplazaron respectivamente a bancos (ahora sin sucursales ni empleados), Inmobiliarias y Brokers del sector, buena parte del sistema de salud – junto a muchos profesionales y auxiliares asociados – así como Casas de Estudios y Universidades, con otros varios “etc.” a continuación.

Con lo cual – prosiguió – el problema de la jubilación empeoró aún más hasta que gracias a la mejora en la calidad de la salud, junto a una longevidad extendida pero sin deterioro mental ni corporal, se aprobó un profundo cambio en el sistema.  La sinergia de esto junto al mundialmente aplicado Ingreso Básico Universal Asegurado, permitió – gracias a las tremendas productividades económicas – no sólo combatir la pobreza, sino principalmente el desempleo hasta tanto pudo equilibrarse la nueva oferta y demanda laboral.

Por ello para hombres y mujeres la edad jubilatoria pasó a los 85 años.

Retrasando 20 años el retiro jubilatorio, junto a una buena calidad de vida por parte de saludables y motivados octogenarios (como trabajadores activos y aportantes al sistema); se logró recomponer la sustentabilidad del modelo previsional.

De manera complementaria, pasó a ser obligatorio y gratuito el estudio del genoma y de la epigenética (historia contextual) de cada uno de los 56 millones de argentinos, según el reciente censo del 2040.  Gracias a esto se logró una adecuación de la oferta de cobertura sanitaria por parte del Estado, la que junto a su posterior monitoreo dentro de la big data de los sistemas públicos de salud, permitió una medicina preventiva y personalizada con la consiguiente optimización de los recursos públicos, todo lo cual impactó de sobre manera en los índices de salud, calidad de vida y longevidad activa de la población.

No me animé a preguntar quién era el presidente o qué partido político estaba en el gobierno.  Igual escuchó lo que pensé, ya que de inmediato dijo/pensó “sólo te diré que los argentinos finalmente aprendimos”.

No es poco, pensé.

“No, no fue poco”, me respondió.

Fue en ese momento cuando percibí que estaba en una esquina de Buenos Aires que por alguna extraña razón me resultaba familiar, aunque rodeado de edificios de alrededor de 100 pisos cada uno.

“Estamos en Piazzolla y Callao” pensó/dijo sin que yo haya formulado pregunta alguna, “o para Ud., Av. Córdoba y Callao”.

”Le explico”, dijo con cierto tono académico.  Resulta que ahora los países aunque políticamente siguen tal como Ud. los conocía en el 2017, en los hechos han perdido su hegemonía como tales.

Hoy la mayoría de la población planetaria vive en “Ciudades Estado”, con toda la tecnología de IA y Big Data aplicada (Smart Cities), continuó explicándome.  El mundo ahora gira – a nivel social, laboral, de cuidado de la salud, y de hecho, políticamente – en torno a los grandes centros urbanos.  Y comunicados entre sí gracias a la red creada por el joven (de 69 años) Mr. Elon Musk, dueño entre otras empresas de Tesla Motors; quien por cierto hoy parece de menor edad que en el 2020.

Fueron sus túneles “hyperloop” los que – como una red de subterráneos intra e intercontinentales – comunicaron a las grandes urbes del planeta a velocidades subsónicas, y mediante energía limpia: electromagnetismo.  Es más, se han creado nuevas ciudades en islas flotantes en los océanos, a modo de estaciones intermedias y de trasbordo dentro de esa red mundial de hyperloop´s.  Y de paso te informo que estamos a punto de fundar la segunda colonia humana fuera de la Tierra, en Titán, la luna de Saturno, luego que en el 2035 se instalara la primera en Marte.

Fue en ese instante que me dijo/pensó “Ud. se dedica al Real Estate, ¿no?”

Naturalmente ni pensé en “¿pero cómo lo supo?”, ya que a esa altura de la charla la respuesta me resultaba obvia.

“Así es”, dije.  Y quiero saber absolutamente todo sobre cómo opera el sector en el 2040, para dedicarme – ni bien vuelva a mi tiempo – a la Ingeniería Inversa que habilite la profecía autocumplida.

“Perá, Perá” dijo/pensó (otra alegría percibir que algunas costumbres lingüísticas no se perdieron con el tiempo), para luego rematar diciendo/pensando con una pícara sonrisa, “¡ordenémonos!”; poniéndome más feliz aún que se sigan usando los mismos chistes prehistóricos.

“Creo que lo mejor que puedo hacer por vos es referirte los principales tips que recuerde, con las disculpas del caso si te suenan desordenados, ya que ahora no soy del palo.  Si bien en mi juventud trabajé en una inmobiliaria, con la crisis tuve que reciclarme y ahora me dedico al biodiseño de órganos humanos para transplante, los que desarrollamos con intervenciones genéticas en cerdos placebo” (“Faaaa”, pensé mientas él asentía con la cabeza).

Aquí van:

  • Desaparecen las cocheras (las ciudades se Uberizaron con vehículos y pequeños “bondis” autónomos, eléctricos y gratuitos). Si bien la industria automotriz sufrió un colapso, pudo adaptarse a sobrevivir con menos unidades y en modelos sin combustión.
  • Las impresoras 3D construyen pisos completos en altura, de acuerdo al pedido de cada usuario comprador.
  • La dotación que construye un edificio de 100 pisos es de 25 personas (8 de ellos con exoesqueletos como los del personaje malo de la vieja película “Ávatar”), tardándose aproximadamente 90 días – incluyendo demolición de lo existente, excavaciones de los 18 subsuelos y construcción robotizada e impresa del edificio – hasta otorgar su posesión.
  • Toda la gestión municipal, autorizaciones, aprobaciones de planos y validaciones de lo construido; se realiza sobre plataformas Blockchain, y sin intervención humana. Aunque no lo creas, todo por derecha.  Cero quioscos.
  • Ningún edificio consume más energía de la que genera (Balance Energético Cero, o “Zero Net Energy Buildings”). Buena parte es geotérmica producida en los subsuelos.  Y el excedente lo vende para subsidiar el costo de expensas, con no pocos casos de edificios con expensas negativas (cobran en lugar de pagar).
  • La nanotecnología está embebida en todo el edificio. Como usuario no te enterás si algo se rompe ya que se autorepara mediante un ejército microscópico de nanorobots “plomeros”, “albañiles”, “pintores”, “electricistas” y demás rubros de mantenimiento de la construcción.  Obviamente la IA que opera los sistemas sigue aprendiendo sobre la resiliencia de los nuevos materiales, dispositivos y sistemas constructivos, lo cual retroalimenta, mejora y brinda libre acceso al nuevo conocimiento a ser aplicado en los próximos emprendimientos.
  • Ya no existe la construcción húmeda.
  • Una importante innovación en logística vertical ocurrió en el año 2037. Ese año se implementó la elevación de partes y componentes mediante levitación por ondas sonoras.  Recuerdo que para tu época ya existían algunas pruebas de laboratorio que validaban esta disrupción tecnológica.
  • El H° A° translúcido y mezclado con grafeno, pasó a brindar una inédita resistencia con grosores mínimos, con auto regulación de su transparencia en términos de luminosidad y modulación de la temperatura que permitían transferir al interior.
  • Complementario con lo anterior, la incorporación de tuberías de fibra óptica – las que ya estaban comenzando en tu época – permiten llevar la luz solar a cualquier lugar del edificio. Sin pérdida lumínica y con simultáneo filtrado de rayos UV.  Recuerdo que el chiste era decir “qué tostado que estás, ¿tomaste sol en el sub suelo?”.
  • Los sensores de salud en cada ambiente transformaron a los edificios en virtuales salas de cuidado intermedio. Hubo casos de internaciones preventivas de residentes, quienes comenzaban a tener sintomatologías luego de haber llegado a los hospitales.  Y todo gracias a la lectura anticipada de los sensores biométricos del edificio, los que sin contacto físico pueden medir las vibraciones de los órganos y las variaciones bioquímicas de los cuerpos.  Te recuerdo que todo está conectado con todo, y el Sistema Watson de IBM diagnostica todo el tiempo tirando alertas tempranas cuando algo se corra del concepto “salud”.
  • Los edificios capturan y purifican miles de toneladas de monóxido de carbono, ya que son jardines verticales con alturas impensadas para tu época. Por supuesto, todas las sustentabilidades que te imagines ahora son standards en la industria.
  • La pintura solar con componentes nanotecnológicos de captura fotovoltaica reemplazó hace varios años a la mayoría de los dispositivos que cumplían esta función.
  • Los desechos orgánicos se reciclan como biomasa, alimentando calderas y demás sistemas centrales de aireación frío/calor.
  • Las salas de realidad aumentada habilitan mesas de reuniones con personas ubicadas en diferentes partes del mundo.

A esta altura ya no pude contenerme.  Estaba tan eufórico con estas novedades, que usando sus mismas palabras – tal como en mi época – le dije “Pará, Pará”.

¿Puedo preguntarte algo que hasta ayer me quitaba el sueño? (por cierto, “mi ayer” 2017 estaba a 24 años de distancia).

“Adelante”, dijo/pensó, “te percibo” (así se dice ahora nuestro viejo “te escucho”).

¿Cómo hicieron para financiar estos megaedificios y demás emprendimientos inmobiliarios en Argentina?  En mi época “se detonó” la demanda de unidades terminadas gracias a los créditos hipotecarios.  De paso te pregunto si estos créditos se mantuvieron en el tiempo.

“Claro”, respondió.  Y hubo que replantear la totalidad de los criterios crediticios ya que los nuevos deudores con capacidad de pago hasta los 100 años de edad, revolucionaron por completo los paradigmas de evaluación crediticia, lo cual a su vez implicó varias modificaciones sistémicas.  Entre ellas las sucesivas reformas del Código Civil y Comercial del 2015.  Sólo un ejemplo: ahora el fideicomiso tiene un plazo máximo de 90 años, el triple con relación a los 30 heredados de Vélez Sarsfield.

Al margen del impacto que me causaban sus comentarios, confieso que no sabía cómo hacerle “la” pregunta.  Al final me animé: ¿cómo se financiaron los desarrolladores inmobiliarios a quienes los bancos por un lado los invitaban a tomar “créditos intermedios”, y por otro lado “les echaban flit”?

Esa frase no me la entendió.  Le aclaré que eso de “echarles flit” implicaba que finalmente no calificaban para recibir créditos intermedios que les financien la construcción.

“Buena pregunta” dijo/pensó.

Dejó pasar unos curiosos segundos antes de responder.  “Tuvieron que atarla con alambre” (otro alegrón su atemporal argentinidad al palo).  Luego explicó:

Tuvieron que resignarse a no esperar nada del sistema financiero institucional.  Lo paradójico fue que nadie resultaba ser “el malo de la película”, ya que en rigor de verdad los desarrolladores de tu época no calificaban ni a las piñas para los parámetros bancarios vigentes.  Sumale a eso las obvias consecuencias de pasar a blanquear el 100% de las operaciones ahora asociadas a créditos hipotecarios.  Pasó a quedar dramáticamente en claro que no se podía migrar de Nigeria a Suiza sin escalas.

Esto terminó de madurar allá por el 2030 – no sin traumas – ya que muchos de quienes se autoproclamaban “desarrolladores con vasta experiencia y muchísimos miles de metros cuadrados en su haber”, no pudieron sobrevivir en entornos serios, transparentes y profesionales.

Y fue así que se inventó un sistema híbrido entre las Fintech (finanzas desde la tecnología), y las Proptech (ídem para desarrollar y comercializar inmuebles).

Allá por el 2018 comenzaron a funcionar los fondeos tokenizados sobre plataformas Blockchain de financiamiento colectivo, sustentados en el claro “Exit” de la inversión gracias a compradores usuarios finales que pagaban “full price” mediante créditos hipotecarios preaprobados.

Mi reflexión le hizo lanzar una carcajada.  Creo que fue porque pensé “¿¿Lo quéeee??”

“Disculpame” dijo/pensó entre risas.  Te tiré mucha data y palabrejas que para tu época recién se comenzaban a utilizar en círculos muy pequeños.  “Te explico”, prosiguió:

A diferencia de lo que Uds. llamaban crowdfunding, con la tecnología Blockchain pasó a brindarse el valor agregado de la transparencia, seguridad, control, autogestión de la información y trazabilidad sobre el origen y aplicación de cada centavo recaudado desde estos esquemas de financiamiento colectivo.

Microinversores apostando al recorrido de precio del metro cuadrado, dentro de un sólido esquema que opera a lo largo de todo el ciclo de vida de la inversión.  De paso te comento que ahora lo que se vende son “metros cúbicos”, dado que el precio se mide y valora según el volumen de experiencias sensoriales que transmite cada ambiente.

Antes Uds. disponían de inversores o compradores de pozo, que allá por tu 2017 casi habían desaparecido.  Sumale que se había esfumado el margen de utilidad que supieron disfrutar, y que pasó a tenerse una clara conciencia de no saber si el dinero que se le entregaba al desarrollador, se aplicaba en debida forma al avance de las obras.

Con Blockchain, BIM (Building Information Modeling) en la nube, la Internet de las Cosas, la tecnología RFID (Identificación por Radio Frecuencia de cada parte avanzada de la obra) y otros dispositivos que operaban como “Oráculos” que validaban y/o auditaban si la guita (¡gracias a Dios la seguimos llamando así!) se aplicaba a donde tenía que ir; se cerró el nuevo y sustentable círculo de confianza de la inversión.

Con esto el microinversor validaba y monitoreaba su inversión desde una vidriera transparente.  Sin demasiados informes, ya que los ratios del negocio los generaba el mismo inversor.

Fue así como comenzaron a fondearse los emprendimientos – inclusive mediante Bitcoins y demás criptomonedas – suscribiéndose tokens con valores equivalentes a milímetros cuadrados.  Allí nacieron los créditos intermedios, más aún con el valor agregado de asegurar la salida de la inversión por medio del comprador final empoderado gracias a los créditos hipotecarios.

Esto responde a tu pregunta.

Con todo lo anterior volvimos a “exportar” inmuebles argentinos, o “importar inversores” del exterior, quienes podían operar desde cualquier dispositivo móvil; “sé igual”.  Creo que así decía un viejo personaje de la televisión, ¿no?

Minguito se llamaba, le recordé.  Cuando quise repreguntar sobre más detalles, algo extraño sucedió.  Todo empezó a vibrar y a desdibujarse a mi alrededor.

Estaba volviendo al 2017.

Cuando llegué o me desperté (sigo dudando cuál fue la vía), mi cabeza estaba casi colapsada.  Era tanta y tan valiosa la información recibida, que lo primero que atiné fue a grabar los espasmos de mis recuerdos del futuro.

Confieso que resultó caótico, pero no se me ocurrió otra alternativa.  Para peor, pasados unos pocos días – sin haberle contado a nadie mi experiencia por temor a perder seriedad frente a amigos o clientes – pasé a recordar cada vez menos de aquel sueño/vivencia.

Por suerte estaban las notas de voz, gracias a las cuales comencé a investigar lo de “Ingeniería Inversa”.  Dice Wikipedia: “es el proceso llevado a cabo con el objetivo de obtener información o un diseño a partir de un producto, con el fin de determinar cuáles son sus componentes y de qué manera interactúan entre sí, y cuál fue el proceso de fabricación”.

La tarea no es poca, pero con una altísima motivación ahora que sé que los créditos intermedios por fuera del sistema financiero institucional serán una concreta realidad, más aún por resultar un muy buen negocio para todas las partes.

Del resto de innovaciones del sector ya se están vislumbrando algunos avances en su génesis y aplicabilidad.  Y como en todo ecosistema, se irán reconfigurando los modelos de negocios que los incorporen.

Por eso ahora mi nuevo hashtag es #SeráPorAcá.

Ahh, me olvidaba.  En el 2040 a los de Boca y River se los sigue llamando “Bosteros” y “Gallinas”.

Néstor Kreimer

KUANTICA S.A.

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